En los últimos años, el Estrecho de Magallanes se convierte en lugar de interés mundial para la conservación de cetáceos: la ballena franca austral poco a poco pierde el miedo, e ingresa desde el Atlántico hasta la zona frente a Punta Arenas. Es una señal clara y potente que estimula a los biólogos a estudiar una evidente mejoría en la población de este cetáceo.
Hasta el momento, los estudios indicaban que la franca austral, sólo deambulaba por el Atlántico, concentrándose su población en la península Valdés, Argentina. Pero lo que eran avistamientos aislados de esta especie, hoy permiten asegurar que también llegan más al sur, agrupandose en la boca oriental del Estrecho, entre Cabo Vírgenes (territorio argentino) y Punta Dúngenes, ya en territorio chileno.
Carlos Olavarría, biólogo marino del Centro de Estudios del Cuaternario, y Jorge Gibbons, biólogo del Instituto de la Patagonia de la U. de Magallanes, lideran las investigaciones sobre los desplazamientos de la ballena franca, y destacan que esta especie está de regreso en el Estrecho de Magallanes, tras un período de gran abundancia que fue dramáticamente terminado por la caza comercial a inicios del siglo XX.
Hasta ahora, los avistamientos de ballena franca han sido registrados desde la costa, ya que éstas navegan entre los 5 y 10 metros bajo la superficie, no se mueven en aguas tan profundas y se acercan a 10 o 15 metros de la orilla.
La llegada de la ballena franca, suma un nuevo protagonista a una zona que es reconocida por ser refugio de otra especie, la ballena jorobada, que se concentra especialmente en el área de la isla Carlos III, en el Parque Marino Francisco Coloane, a poco más de 180 kilómetros al suroeste de Punta Arenas.
Este parque marino de 67.000 hectáreas, abarca una zona heterogenea y biológicamente única, debido en parte a la unión de las aguas provenientes de los océanos Pacífico y Atlántico, a los fuertes vientos y a la presencia de milenarios glaciares. Además de proteger una porción del Estrecho, el parque marino protege franjas costeras y territorios aledaños, de modo de preservar los flujos de la tierra y sedimentos que llegan al mar. En la costa se pueden apreciar los exuberantes bosques de la región, en los que se destacan árboles como el coihue, canelo, lenga y ciprés.
El Parque Marino Francisco Coloane, nació para proteger el corredor biológico utilizado por la ballena jorobada y ocasionalmente por la ballena minke, zonas de alimentación de estos cetáceos, colonias de lobos marinos, e importantes zonas de nidificación del pinguino magallánico. En la zona también se pueden observar lobos marinos, huillín, elefantes marinos y delfin austral.

